La energía sin tiempo. Músculos, corazón y vida por Alfonso Colodron La energía sin tiempo. Músculos, corazón y vida - Alfonso Colodron



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La energía sin tiempo. Músculos, corazón y vida
Fecha de publicación
01 de Mayo 2016
Técnicas relacionadas: Gestalt.

Descripción:

“Crear el navío no es tejer las telas ni forjar los clavos, sino más bien transmitir el gusto del mar que es uno; bajo esta luz, nada hay que sea contradictorio, pues todo es comunidad en el amor, en el que se transforma cualquier combate”.
Saint Exupery, “Ciudadela”.

Hace ya un año que me subí al navío y en él sigo navegando: el Dojo del maestro Zen, Miguel Mochales, o más bien del antimaestro no-zen MM. Mi primera conexión fue la heterodoxia, el humor, la ruptura de esquemas, el planteamiento continuo de paradojas, la contundencia del sentido común, la originalidad y la integración de sistemas. De todo ello he sido forofo y practicante durante años. Sin embargo, me faltaba algo que aún sigo completando: la transformación absoluta del cuerpo, mediante un entrenamiento diario de músculos, corazón y mente, que ha propiciado el desarrollo psiconeuroinmunológico, ha potenciado nuevas tomas de conciencia y ha incrementado la expresión del poder interior.

Todo ello ha generado una mayor claridad de visión holística y estratégica, aplicada a los aspectos más cotidianos de mi vida personal, profesional y social.
Todo Dojo es un lugar de silencio. Pero el verdadero silencio es del cuerpo consciente, que entrena con un sudor sin esfuerzo egóico, desde la imperturbabilidad, a pesar del continuo cambio de músicas (disco, jazz, raps, boleros, clásica, flamenco o música sacra) y del incesante entrar y salir de personas: cada una con su propias necesidades, sus metas y sus distintos niveles de forma física y desarrollo interior. Pero lo que cuenta es la nobleza de intención y la pureza de cada acción, más que el talento, la posición profesional, la veteranía o la belleza exterior.

No existen casualidades ni nada ocurre por azar. Agradezco a Luchy López, actriz y bailarina, creadora de “Danza a Corazón abierto” e instructora de la Fundación Asha-Kiran, compañera del alma y antigua co-terapeuta de mis grupos mixtos, que nunca me hablase de lo que llevaba practicando hacía tiempo. Pero sus frecuentes alusiones en su muro de facebook a “Power Zen” picaron mi curiosidad y fui yo quien le pregunté. Otra manera de proceder hubiera suscitado mi natural desconfianza frente a líderes, gurús, maestros y maestrillos. Muy posteriormente, contestaría a mis preguntas que en este Dojo se trata de “potenciar lo que traes y luego tú decides qué hacer con ello; Miguel aplica un método desprovisto de juicios o dogmas, en el que se limpian los residuos del pasado y se renueva la energía. Si se está dispuesto, él te lleva al límite de tus creencias para entrar en algo mayor”.

Desde el primer instante, me cautivó el ambiente de familiaridad no competitiva, tan distinta de lo que suele encontrarse en salas de fitness y en gimnasios o incluso en comunidades de desarrollo terapéutico y espiritual. Miguel Mochales, además del poeta que lleva todo místico dentro, es un transformador de gimnasios en templos de silencio. De silencio interior, más allá de las palabras y el ruido mental y emocional.

Ese “algo mayor” son simplemente planos de conciencia, como dimensiones en las que se pliega la línea espacio-tiempo; se entra en una energía atemporal en la que quedan suprimidas las distancias. Su consecuencia práctica es poder establecer líneas de acción directa en todos los campos de la vida: la pareja, la familia, la actividad profesional, la empresa, el deporte, el arte... Ir directos a la meta sin cargar con el origen de miedos, carencias, frustraciones, nostalgias y falsas expectativas. La apariencia de un gimnasio simple oculta el estudio de un escultor de almas que, como Miguel Ángel, quita lo sobrante, para que de un trozo de mármol aparezca la bella escultura que todos llevamos dentro.

La facilidad de poder ir cualquier día de la semana, incluidos sábados y domingos, desde las 10h 30 a las 22h30, hizo que una noche de especial tranquilidad pudiese vivirlo con más intensidad: me vi transfigurado haciendo movimientos lentos de musculación con un palo de taichi; no había músculos, dolor ni propósito; solo transfiguración. Tampoco había tiempo ni espacio; solo movimiento y cámara imaginaria grabando un entrenamiento sin objetivos ni finalidad; una especie de plegaria sin principio ni fin. Estaba experimentando el corazón del ZENPOWER: la unión perfecta de entrenamiento, práctica y meditación. Al fijarse en los músculos este estado, dejando de lado la memoria emocional, al día siguiente tenía mucha mayor coherencia entre pensamientos y acción, objetivos y resultados. Estaba actualizando potencialidades latentes. El cuerpo se va convirtiendo poco a poco en un potente disco duro de gran conectividad y el cerebro en una memoria RAM de alto rendimiento y excelente rapidez de acceso.

Y cualquier persona, de cualquier edad y condición física, puede lograrlo; de hecho lo están logrando todas las personas que deciden traspasar sus primeras resistencias mentales y físicas, y persisten en las repeticiones y visualizaciones prescritas para cada entrenamiento personalizado. Cuando el grupo se une, se crea un potente campo de energía toroidal, en el que cada miembro sale con más energía de la que aportó, dispuesto a aplicarla en sus acciones diarias.

Mis primeros contactos con el judo, el karate y el aikido, siendo joven; el descubrimiento y práctica posterior de la meditación Vipassana; el haber seguido durante años la meditación Soto Zen; la incorporación posterior del taichi, del chikung y de la danza del vientre; mi aprendizaje de la técnica Alexander de corrección postural... todo ello ha convergido, pasados ya los 70 años, en algo que experimento como una síntesis para el Occidente del siglo XXI. Cada espiritualidad y sus prácticas estaban destinadas a un número determinado de personas, según su época histórica, su situación geográfica y ambiental, su cultura, su raza y tradiciones, por mucho que tuvieran pretensiones de universalidad e inmutabilidad. Pero la evolución no perdona. Afortunadamente. Y lo único que permanece es el incesante cambio de la evolución.

Este Dojo no estaría completo sin la energía femenina que aportan dos socias, tan diferentes entre sí, como complementarias: Fátima Vilches, licenciada en Políticas y Sociología y MBA en Comercio exterior. Trabajó 25 años en Recursos humanos, pudo comprobar la frustración de gran parte del personal y decidió hacer una apuesta arriesgada, que ganó: “un nuevo concepto de crecimiento personal que hace tangible la espiritualidad intrínseca del ser humano, dotándole de una estructura personal de ‘poder´ absolutamente corporal, imprescindible para sentir solidez, confianza y felicidad. He cobrado mayor consciencia de mí misma y de lo/los que me rodean, un mayor grado de resolución y gestión del día a día y una absoluta salud física”.

Teofanú Calzada (Nanú), antropóloga, escritora, diseñadora gráfica y pintora artística cuenta: “Mi primer encuentro con Miguel fue en el sitio donde menos te esperarías encontrar a un maestro Zen: la Bolsa de Madrid. Resulta muy simbólico, ya que la misión de nuestra empresa consiste en llevar al siglo XXI todo tipo de técnicas de Oriente y Occidente que ayuden al ser humano a alcanzar y sostener su máximo rendimiento. Personalmente he hallado el desarrollo real de mis potencialidades y la consciencia de quién soy, de lo que soy capaz y una manera mejor de relacionarme con todo, además de un fantástico estado de conexión con mi cuerpo, desde una técnica no sujeta a opiniones. Esto me ha ayudado mucho con mi emocionalidad, algo utilísimo en la gestión de la energía vital y de la realidad.”

En algún momento de la vida, se producen saltos, cuando uno decide dejar de lado las justificaciones, incluidas las espirituales, para arriesgarse a lo nuevo que funciona mejor, cuando lo viejo se estanca. Así, uno pasa de holgazán profesional del espíritu a holgaZen. De holgar en lo finito, a holgar en el Zen de la no-mente, el no-yo y la Vacuidad que contiene el éxtasis de los instantes de eternidad.

Alfonso Colodrón
Terapeuta Transpersonal y Gestalt

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