No pongas más muros a este Amor... por No pongas más muros a este Amor... -



Artículos

No pongas más muros a este Amor...
Fecha de publicación
01 de Enero 2016
Técnicas relacionadas: Gestalt.

Descripción:

“No pongas más muros a este amor, que me los salto; no seas el carcelero de este orgasmo de emociones, que solo soy un latido entre dos golpes de aire; ni siquiera soy una minúscula partícula de tiempo, llevando un traje prestado que llamamos cuerpo..., solo soy luz que se expande...”.
Nieves Canta

Más vale saber de qué va todo esto antes de seguir leyendo. Sí, algún párrafo hará alusión a lo que muchos buscan: encontrar pareja, mantenerla si ya la tienen, claves para saber por qué la perdieron y para no repetir siempre los mismos esquemas. Todo esto forma parte de una realidad más amplia: el Amor –con mayúscula-, esa energía que crea la vida, que mantiene la órbita de los planetas y amplifica en el cosmos la música de las esferas.

La canción “Solo luz”, con la que empieza este artículo, se enganchó a mi piel desde el primer momento en que la oí cantar a su creadora, Nieves Canta, el verano pasado. “El corazón en transición”, “single” en el que se incluye, expresaba con sencillez las “transiciones” que yo estaba experimentando desde el 15 de mayo.

https://www.youtube.com/watch?v=12N_3fiqLcc

Durante los días de vacaciones, mañana y tarde, la escuché como un mantra meditativo, mientras escribía, regaba las plantas, cocinaba, comía, ponía la lavadora, preparaba mis talleres de otoño... Y paulatinamente sus mensajes alcanzaban diferentes cotas de profundidad y amplitud. Lo mismo que las miradas de su cantautora, por momentos cálidas, al instante “voladas” y ausentes en insondables alturas, de repente contundentes expresando las más perentorias necesidades cotidianas. Como un estar al mismo tiempo aquí y allá, ahora y entonces...

Posteriormente, la hice escuchar en México en todos mis talleres sobre emociones y creación de nuevas feminidades y masculinidades. Se producían momentos de profundo silencio, viva emoción, comprensiones súbitas y afianzamiento de intuiciones y decisiones no llevadas aún a la práctica. No era pues una canción local, sino que podía traspasar fronteras y culturas. No era algo exclusivamente personal, sino transpersonal. Durante diez días, perdí allí la noción del tiempo, fechas y horas; casi olvidé familia, preocupaciones, proyectos, y aficiones, entregado totalmente a la tarea que tenía por delante y rodeado de aceptación, auténtico interés, atenciones, cariño y Amor.

El día antes de tomar el vuelo de regreso a Madrid, fue como si un velo se hubiera descorrido de mi consciencia y mi corazón. De repente entendí, que todo lo que hacemos, toda nuestra biografía, todos nuestros afanes, todos nuestros pasos solo persiguen volver a ese estado de desarrollo en seguridad, de la armonía que produce el estado de pertenencia, el saberse “en casa”; ese sentimiento que el Premio Nobel de Literatura, Romain Rolland, describía en una carta a Freud, como un sentimiento libre y sin ataduras de conexión con el todo, y que el creador del psicoanálisis redujera al “sentimiento oceánico”.

Todo el mundo lo ha experimentado, aunque sea en estados pre personales en el vientre materno, o posteriormente en la infancia, o en el primer enamoramiento... y se persigue inconscientemente como una droga hasta la muerte. Sin embargo, pronto es sustituido por placebos como el éxito profesional, el dinero y el consumo que este permite, el poder en cualquiera de sus manifestaciones, las relaciones sexuales, el cultivo del cuerpo, las novelas, las películas, el deporte, la moda, los viajes, las aficiones a que se dedica el tiempo de ocio... Es como si la morriña, la “saudade”, la nostalgia y la añoranza del Amor incondicional, del regreso a Casa, de volver a conectar permanentemente y de forma consciente con la Unidad hubieran quedado enterradas en un sueño profundo hasta que Despertamos.

Y lo que más engancha para una gran mayoría desde ese motor de la añoranza de la unidad, es obtener una pareja, constituir una familia, dedicarse a los hijos, luego a los nietos... Pero cuando la pareja se rompe, los hijos se rebelan o simplemente abandonan la casa para hacer su vida, el espejismo se desvanece, aunque antes o después se sustituye por cualquier otro placebo. Y todo para no atravesar el miedo al aparente vacío, a la libertad sin límites, al dolor de las pérdidas, cuando se vive con los ojos y el corazón bien abiertos.

Al cerrar los ojos internos y el corazón al dolor, la vida se convierte en un dar vueltas en círculos, como grandes bandadas de peces, hasta encontrar la salida del depredador que nos persigue: nuestro propio miedo a lo desconocido, a lo incontrolable; ese “sinvivir” que genera el sufrimiento añadido e innecesario del estrés, el insomnio, las jaquecas, las úlceras, las depresiones y otros males tan contemporáneos.

Ante el mar agitado de la existencia muchos querrían volar como las nubes por el cielo, sin dejarse impactar por “el orgasmo de emociones” que supone cualquier vida respirada a pleno pulmón. Pero si en vez de ascender, nos atrevemos a sumergirnos por debajo del oleaje, podemos descubrir un maravilloso océano lleno de vida y color. Hace ya cuatro décadas, durante año y medio, me dediqué a sumergirme en los arrecifes coralinos de los Mares del Sur y nunca encontré dos iguales; siempre descubría nuevas especies de peces, de anémonas, de algas... Era una embriagante sinfonía de luz y color, de vida palpitante en medio de una “soledad sonora”, de un silencio vibrante... Fueron satoris repetidos, pero pasajeros, que se quedaron no obstante impregnados en la retina del corazón y la memoria de las células de “este traje prestado” que llamo mi cuerpo.

Si no logramos “subir la tierra al cielo”, bajemos el cielo a la tierra. Gregorio Allegri, pudo hacerlo para nosotros a través de su música sacra. En 1638, compuso un sublime Miserere para el Papa Urbano VIII, cantado por dos coros de cuatro y cinco voces, que solo podía cantarse en la Capilla Sixtina los miércoles y viernes de cada Semana Santa. Su copia e interpretación fuera de ella y de esas fechas se penaba con la excomunión. Casi cuatro siglos después, todos tenemos la posibilidad de elevarnos por poca sensibilidad que pongamos al escucharlo:

https://www.youtube.com/watch?v=2QfFtjmdZxE

Esta música sacra, más allá de las creencias y de lo obsoleto de los Salmos del Antiguo Testamento, puede inspirarnos cuando nos enfocamos en alguno de sus versículos: “Tú amas la verdad en lo íntimo del ser, y en lo secreto me enseñas la sabiduría...” (Salmo 51). Y la sabiduría profunda consiste en no buscar la pareja ideal, sino llegar a ser para alguien la pareja ideal; dejar de intercambiar carencias y necesidades para desbordar de temblor y sensibilidad. Sí, de amor, un amor que es todo lo contrario de esa tristeza paralizante que suscita la mayoría de las actuales canciones “románticas” ante el abandono y el aparente fracaso de cualquier pérdida.

Como recomendaba el gran místico sufí, Rumi, el amor es puro éxtasis en danza permanente: “Baila, baila cuando estés roto cual jarro abierto. Baila si te has arrancado la venda. Baila en medio de la pelea. Baila en medio de tu sangre. Baila cuando seas absolutamente libre... Que el amante sea borracho e infame todo el año. Que sea encantador, frenético y loco. Cuando sobrios, sufrimos por todo. Cuando ebrios, nos desprendemos de todo”.

Alfonso Colodrón
Terapeuta Gestáltico.
Consultor Transpersonal.

Visita al autor/a del artículo


Comparte